Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.898-1478

Fecha: Miércoles 22-07-2026

 

El Estado y la democracia el mayor flagelo de la sociedad

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Por lo general todos piensan que el Estado y la democracia son la base de una buena convivencia humana. Por su puesto que dentro de este concepto hay una verdad a medias y una realidad dolorosa que todos vivimos en nuestro quehacer diario.

En la modernidad todos nacemos en una sociedad que viene registrando la existencia de los seres que nacen cada día y esos datos los van almacenando ahora en base de datos y en la antigüedad en documentos impresos que terminaban en las bibliotecas. Por eso hoy conocemos nuestra historia como civilización.

Estamos acostumbrados a vivir bajo el imperio de un Estado y ahora en lo que se llama democracia. Esto nos ha hecho seguir al pie de la letra lo que el Estado dice bajo sus Leyes y Decretos. Pero en la realidad somos prisioneros de esa envoltura invisible que nos persigue y que identificamos como Estado y sus gobernantes.

Pero nosotros somos el Estado porque sin la existencia de nosotros él no existiría, porque tenemos conciencia de nuestra existencia y nos obligamos a seguir los dictámenes que un grupo de nosotros ha establecido para poder ellos vivir a costillas de nosotros, El Estado.

Contra el Estado no puede haber rebelión porque él es simplemente un concepto hecho realidad porque todos apoyamos ese concepto. Y nos vemos obligados a acatar lo que la gente diga que hay que hacer porque ellos representan el Estado. Es una
simbiosis que no podemos deshacer porque dejaría de existir lo que ya hemos

 

 

 

establecido y somos parte de él. Pero si podemos controlar y establecer unas reglas administrativas que nos permitan dirigir lo que hemos creado como Estado.

 

En primera instancia hay que eliminar la democracia o el concepto que se tiene sobre ella porque ella es la generadora del crimen organizado en un Estado donde ella tiene injerencia. A través de ella se establecen todas las componendas de partido y de grupos políticos y sociales para poder alcanzar el poder o gobernar el Estado. Y la sociedad que es el Estado pierde sus derechos y autonomía porque otros tienen ese poder y el ciudadano es solo un contribuyente para que los gobernantes existan a nombre del Estado y mantenido por las contribuciones de la sociedad al erario.

 

Después de millones de años de evolución intelectual estamos en la condición de poder ser autónomos en sociedad y poder administrar nuestros bienes sociales bajo un estado capitalista. Donde todos tienen la libertad de invertir o simplemente hacer parte de ese capital humano que aporta para que a través de la inversión personal pueda vivir una vida con todos los beneficios que la modernidad da.

 

No podemos seguir alimentando a quienes jamás nos van a dar lo que realmente nos pertenece porque ellos se quedan con todo y nos obligan a actuar según sus criterios sin ni siquiera pensar que somos individuos con nuestros propios criterios y afectos hacia nuestro entorno y lo que están allende de nuestros territorios.

No podemos seguir votando por nuestros verdugos, aunque su discurso sea muy sonoro y lleno de promesas que jamás se podrán cumplir.

 

La verdad es que la democracia y el Estado existen porque nosotros los dejamos que existan con el apoyo que les damos con el voto y las contribuciones que nos obligan a pagar.

 

 

 

 

 

EL FRACASO DE LARA

 

Crónica #1397

 


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: youtu.be/Q2vZHjJE4Ic.

 

A la cabeza del grupo de nombrados para ejercer cargos ministeriales a partir del 7 de agosto el presidente electo puso a Rodrigo Lara Restrepo.Fue el primer funcionario de ese nutrido gabinete en ser presentado ante la opinión pública y, en su calidad de próximo ministro del Interior, aparecía como el responsable de manejar las relaciones del futuro gobierno con el Congreso. Las flores por su nombramiento opacaron su perfil temperamental y su advertible desprecio por ejercer su responsabilidad. Pero el 20 de julio, cuando llegó la hora de elegir a los presidentes del Senado y Cámara, se ha dejado conocer el cobre muy fácilmente y la estruendosa derrota que les pegaron los senadores coaligados del Pacto Histórico y del uribismo indica muy a las claras que en esa tramoya no hubo director de orquesta ni mucho menos el conciliador que un enfrentamiento de pavos reales requería. Por el contrario, armado tan solo con su característico desprecio hacia los demás, no fue capaz de poner de acuerdo a los congresistas de la derecha sino que los precipitó en las ávidas manos del Pacto Histórico consolidando una mayoría que derrumbó las ingenuas aspiraciones del novato político que es Abelardo. Ante un resultado tan rimbombante y una inhabilidad tan precisa para el momento más significativo del comienzo de un cuatrenio, el señor Lara debería pensar seriamente en hacerse a un costado y en su reemplazo el presidente electo buscar alguien con las dotes que tanta falta le han hecho a su pretendido ministro del Interior. Abelardo no puede arrancar su gobierno cojeando tan evidentemente ni mucho menos dejando montar híbridos entre caporales para que no lo dejen arrancar. No es hora de vanidades y orgullos. Gobernar no es solo satisfacer ambiciones añoradas. Gobernar es también reconocer las equivocaciones y enmendarlas rápida y prudentemente.

El Porce, julio 22 del 2026.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

El Resurgimiento Económico de Colombia: Un Impulso Frágil

 

El reciente crecimiento del cuatro por ciento reportado por la agencia estadística nacional marca un punto de inflexión notable para la economía del país. Tras meses de actividad lenta, trimestres consecutivos de incertidumbre y preocupaciones persistentes sobre el poder adquisitivo de los hogares comunes, las últimas cifras ofrecen un respiro muy bienvenido. Sin embargo, como esta publicación ha sostenido consistentemente, las métricas económicas por sí solas no cuentan toda la historia. Detrás de las alentadoras cifras principales se esconde una realidad compleja que exige un escrutinio riguroso por parte de los responsables de políticas, los líderes empresariales y los ciudadanos por igual.

El principal motor detrás de este repunte ha sido el sector terciario, impulsado en gran medida por un comercio vibrante, servicios de transporte robustos y un consumo interno resiliente. Las familias de todo el país han demostrado una notable capacidad de adaptación, encontrando formas de seguir gastando a pesar de las presiones inflacionarias persistentes que han puesto a prueba los presupuestos durante años. Al mismo tiempo, ciertos centros urbanos clave y polos regionales han experimentado un aumento en el tráfico comercial minorista y el dinamismo comercial. Esta vitalidad demuestra que el espíritu empresarial fundamental de la nación sigue intacto, capaz de generar chispas de recuperación incluso en medio de vientos en contra macroeconómicos más amplios.

Sin embargo, las celebraciones deben templarse con precaución. Un solo informe trimestral positivo no se traduce automáticamente en un milagro económico sostenido a largo plazo. Las vulnerabilidades estructurales aún amenazan la estabilidad del panorama financiero. Por un lado, los sectores manufacturero y de la construcción continúan exhibiendo un comportamiento lento, sin lograr mantener el ritmo de la industria de servicios. Sin un sector secundario fuerte que produzca bienes tangibles e infraestructura robusta, cualquier recuperación corre el riesgo de seguir siendo desigual. Además, los mercados laborales informales persisten obstinadamente, dejando a millones de trabajadores sin la protección social adecuada, pensiones o garantías de ingresos estables.

Los responsables de las políticas deben utilizar este momento de impulso positivo no para relajarse, sino para promulgar reformas estructurales profundas. Las autoridades monetarias enfrentan un delicado acto de equilibrio. Si bien las tasas de interés han comenzado a ajustarse a la baja, el mecanismo de transmisión al crédito comercial cotidiano y a los préstamos de vivienda sigue siendo lento. Si el crédito no fluye más libremente hacia las pequeñas y medianas empresas, la columna vertebral misma de nuestro ecosistema de empleo, la recuperación actual podría estancarse antes de llegar verdaderamente a la población en general. Además, la disciplina fiscal debe seguir siendo una prioridad principal. Los mercados internacionales y las agencias de calificación observan de cerca, y cualquier desliz en la gestión de la deuda pública podría borrar rápidamente la confianza que impulsó este crecimiento reciente.

En última instancia, este crecimiento del cuatro por ciento es una oportunidad más que un destino. Proporciona un respiro para una nación que navega por transiciones complejas, desde ajustes en el mercado laboral hasta cambios en la dinámica comercial global. Los líderes empresariales deben reinvertir su capital sabiamente, centrándose en la productividad y la innovación en lugar de en ganancias a corto plazo. Mientras tanto, el gobierno debe garantizar que los marcos regulatorios fomenten la competencia y reduzcan la fricción burocrática para los emprendedores.

Colombia tiene todos los ingredientes necesarios para un futuro económico próspero: gente resiliente, ricos recursos naturales y una posición geográfica estratégica. Traducir un repunte estadístico temporal en una prosperidad duradera e inclusiva requiere un compromiso inquebrantable, una gestión fiscal prudente y una visión estratégica. El camino a seguir está abierto, pero recorrerlo con éxito exigirá vigilancia de todos los sectores de nuestra sociedad.

 

   

Colombia’s Economic Resurgence: A Fragile Momentum

 

The recent four percent growth reported by the national statistical agency marks a notable inflection point for the country’s economy. After months of sluggish activity, consecutive quarters of uncertainty, and persistent concerns over the purchasing power of ordinary households, the latest figures offer a welcome breath of fresh air. Yet, as this publication has consistently maintained, economic metrics alone do not tell the whole story. Behind the encouraging headline figures lies a complex reality that demands rigorous scrutiny from policymakers, business leaders, and citizens alike.

The primary engine behind this rebound has been the tertiary sector, driven largely by vibrant commerce, robust transport services, and resilient domestic consumption. Families across the nation have shown a remarkable capacity to adapt, finding ways to keep spending despite lingering inflationary pressures that have tested budgets for years. At the same time, certain key urban centers and regional hubs have experienced an uptick in commercial foot traffic and retail dynamism. This vitality proves that the foundational entrepreneurial spirit of the nation remains intact, capable of generating sparks of recovery even during broader macroeconomic headwinds.

 

However, celebrations must be tempered with caution. A single positive quarterly report does not automatically translate into a sustained, long-term economic miracle. Structural vulnerabilities still threaten the stability of the financial landscape. For one, the manufacturing and construction sectors continue to exhibit sluggish behavior, failing to keep pace with the service industry. Without a strong secondary sector producing tangible goods and robust infrastructure, any recovery risks remaining lopsided. Furthermore, informal labor markets stubbornly persist, leaving millions of workers without adequate social protection, pensions, or stable income guarantees.

Policymakers must use this moment of positive momentum not to relax, but to enact deep structural reforms. Monetary authorities face a delicate balancing act. While interest rates have begun to adjust downwards, the transmission mechanism to everyday commercial credit and housing loans remains slow. If credit does not flow more freely to small and medium enterprises, the very backbone of our employment ecosystem, the current recovery could stall before it truly reaches the broader population. Moreover, fiscal discipline must remain a top priority. International markets and rating agencies are watching closely, and any slip in managing public debt could quickly erase the confidence that fueled this recent growth.

Ultimately, this four percent growth is an opportunity rather than a destination. It provides breathing room for a nation navigating complex transitions, from labor market adjustments to shifting global trade dynamics. Business leaders must reinvest their capital wisely, focusing on productivity and innovation rather than short-term gains. Meanwhile, the government must ensure that regulatory frameworks foster competition and reduce bureaucratic friction for entrepreneurs.

Colombia has all the necessary ingredients for a prosperous economic future: resilient people, rich natural resources, and strategic geographic positioning. Translating a temporary statistical bounce into enduring, inclusive prosperity requires unwavering commitment, prudent fiscal stewardship, and strategic vision. The path forward is open, but walking it successfully will demand vigilance from every sector of our society.

 

 

 

Publisher
Zahur Klemath Zapata

Director

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal Calle

Jefe de Redacción

Brahian Stiven Castaño Navales

 

 

 

Diagramación

Rhonal Torres

Consejeros

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 

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Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Agustin Perozo

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