Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.930-1510

Fecha: Domingo 06-09-2026

 

¿A dónde van nuestros impuestos?

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Esta práctica milenaria que han impuesto los soberanos a sus súbditos y hoy en día el Estrado que va de la mano de los políticos, nos comprime y nos hace vomitar nuestras viseras para que el establecimiento sobreviva.

En el mundo primitivo siempre ha sido normal esta práctica gubernamental. Y para todos es lógico que esto se haga sin ningún cuestionamiento y sin un raciocinio sobre dónde irán esos dineros que recibe el Estado.

Las sociedades han evolucionado genéticamente y lo que antes era una práctica normal hoy es un hecho cuestionable, porque esos dineros salen del esfuerzo de millones de seres que trabajan y pagan impuestos y no reciben nada a cambio.

Nuestra sociedad se siente acorralada por la cascada de impuestos que le vienen imponiendo en nuestros días los políticos al pueblo. Esto hace que el crimen aumente y la corrupción se afinque en las instituciones de Estado y esta simbiosis impida que las ciudades crezcan saludables.

Los impuestos que recibe el Estado diariamente, son fortunas que desaparecen sin que nadie se entere a dónde fue a parar esas contribuciones. De ese erario sólo una mínima parte llega a los sitios que realmente deberían recibir esos dineros.

La ignorancia del pueblo es la base para que crezcan estas situaciones y nunca ellos
 

 

 

reciban lo que les pertenece y por lo que han pagado.

 

La salud pública es una de las infraestructuras donde deben ir esas contribuciones, pero solo llega gota a gota unos dineros para que sobrevivan y la gente gravite como si ellos fueran los culpables de lo que está pasando. Si la salud falla, el sistema se desploma y eso es lo que está pasando cuando se desvía lo recaudado.

La medicina privada es uno de los más grandes negocios porque ella vive de millones de pacientes que pagan de sus bolsillos los costos de la atención médica. A su vez nacen hacen simbiosis con las aseguradoras para que todo funcione en beneficio de ellos y no de los pacientes.

Es una obligación del establecimiento velar por la salud del pueblo, porque ese pueblo es el que sostiene el establecimiento y mantiene la economía en movimiento. El pueblo paga para que todos los servicios básicos sean cubiertos con el pago de sus impuestos y no para sostener una burocracia del Estado que le paga a miles de empleados con sueldos como prestación por haber apoyado al candidato en la campaña electoral.

Si la sociedad tuviera un mayor conocimiento de cómo funciona la economía de un país y estuviera atenta del movimiento de esos dineros, no pasaría tantas necesidades en el transcurso de su vida. Porque los políticos ya no serían políticos corruptos sino servidores públicos que se acogen a las leyes que rigen una comunidad.

La gran mayoría de los países están como están, es porque los ciudadanos creen por acto de fe lo que dice un individuo en campaña y no porque realmente conocen la economía de su territorio.

Estudia bien al candidato, que ha hecho y en que ha triunfado, Ahí tienes la respuesta de lo que será el futuro.

 

 

 

 

Equivocación

 


Por: Edgar Cabezas

 

La pregunta es: ¿qué es lo que pretende el actual gobierno de los Estados Unidos administrado por Donald Trump? Si el objetivo es hacer de nuevo visible ante sus conciudadanos y demás gentes del mundo el sueño americano de la tierra de las oportunidades, en las que sus residentes gozan del bienestar en medio de un ambiente de paz y prosperidad ofrecido por la ciencia, la tecnología, el trabajo y la industria, púes el procedimiento ilegítimo de usar el poder militar del Estado contra propios y extraños contradice la intención de su pretensión.

El gobierno de Donald Trump está aplicando una serie de políticas desacertadas que resultan de tomar decisiones a partir de juicios falsos. El primero de ellos es que el gobierno de los Estados Unidos no tiene autorización legal por parte del orden jurídico supra nacional de las Naciones Unidas para ser juez, policía y ejecutor de la pena de muerte contra las personas que habitan y circulan en tierra firme, islas y mares.

 

Las consecuencias de los actos de Donald Trump son muy graves puesto que están instigando a aumentar la tensión existente hacia una prolongada e incierta finalización de guerras incontroladas que pueden desencadenar una conflagración de orden mundial en la que por error se puede detonar la verdadera guerra mundial atómica en la que no quedaría piedra sobre piedra, porque eso es lo que está latente en el nacionalismo republicano que inspira el culto grotesco por el individuo que gobierna entre 2025 a 2029 a los Estados Unidos.

 

Pretender subyugar, enamorar a la humanidad mediante el matoneo utilizando la arrogancia que brinda la superioridad de poseer un arsenal de destrucción masiva tan sólo hace que el concierto de las Naciones del mundo se vaya agrupando en un solo bloque con la finalidad de detener la banda de matones que ponen en peligro la vida de todas las especies y culturas que pueblan y habitan la tierra.

No hay que olvidar que nadie está por sobre la ley, porque la inmunidad presidencial, así sea la del presidente temporal del imperio, no le da impunidad por crímenes de guerra cometidos contra la humanidad, más aún cuando los delitos se cometen violando las propias leyes que imperan dentro del dominio de la democracia. No olvidar que ya han impuesto castigo penal contra el abuso de la autoridad presidencial que pueda aterrizar en totalitarismos autoritarios.

 

Por equivocación, lo que Donald Trump está consiguiendo es que el mundo le declare la guerra a los Estados Unidos, lo cual sería una fatalidad. Por eso es prudente recomendar a los gobernantes del mundo que tengan oídos para oír y ojos para ver y entender con acierto las palabras de Albert Einstein: “Saludo al hombre que pasa por la vida siempre al servicio del prójimo, sin conocer el miedo, ajeno a toda agresividad y a todo resentimiento. De este material están hechos los grandes caudillos morales que brindan consuelo a la humanidad en las miserias que ella misma crea”.


Es bien cierto que el continente Americano constituye un solo bloque de polo a polo, y que en realidad es todo lo que le queda del mundo a los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos se equivocan si pretenden invitar al baile de la unidad continental sacando a bailar a sus pares a las patadas.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

Reconstrucción sin confianza: el verdadero peso del desastre

 

A pocas semanas de los movimientos sísmicos que sacudieron la infraestructura del Eje Cafetero, la emergencia inmediata ha cedido el paso a una incertidumbre mucho más densa. Las grietas visibles en viviendas, escuelas y hospitales de la región no son las únicas que preocupan a los ciudadanos. Existe una fractura más profunda y difícil de reparar: la falta de confianza en la capacidad y transparencia del gobierno para administrar los cuantiosos recursos destinados a la reconstrucción.

El desastre natural expuso deficiencias estructurales históricas, pero la respuesta institucional amenaza con perpetuarlas. Mientras las comunidades afectadas exigen celeridad en las evaluaciones técnicas y respuestas concretas para la habitabilidad de sus predios, el flujo de los fondos públicos se percibe difuso. Los anuncios oficiales prometen partidas presupuestales millonarias y giros extraordinarios, pero en la práctica, la burocracia paraliza la entrega oportuna de las ayudas. Para las familias que hoy duermen bajo coberturas temporales o en estructuras en riesgo, la retórica estatal resulta insuficiente frente al lento avance de las obras básicas.

El núcleo del problema no reside únicamente en la disponibilidad de los presupuestos, sino en quién y cómo los ejecuta. El gobierno actual enfrenta un escepticismo marcado respecto a sus mecanismos de contratación y supervisión. En Colombia, la historia de los procesos de reconstrucción tras desastres naturales está plagada de ejemplos donde la contratación directa y los fondos de emergencia se convirtieron en terreno fértil para la desviación de recursos y el favoritismo político. La ciudadanía del Eje Cafetero es consciente de ese antecedente y no está dispuesta a tolerar auditorías opacas ni veedurías sin acceso a información en tiempo real.

Garantizar la transparencia exige más que comunicados de prensa. Requiere la apertura inmediata de plataformas de datos abiertos donde cada peso asignado pueda ser rastreado desde la tesorería nacional hasta el contratista local. La veeduría ciudadana y los gremios regionales deben tener asiento permanente en las mesas de contratación y seguimiento técnico. Sin un control riguroso y participativo, los proyectos de infraestructura resiliente quedarán reducidos a promesas de papel, dejando a las poblaciones vulnerables expuestas ante futuros eventos telúricos.

El tiempo corre en contra de la región. La temporada de lluvias y el deterioro progresivo de los edificios afectados aumentan los costos de reparación y el riesgo humano día tras día. Si el ejecutivo no demuestra con hechos concretos, auditorías independientes y ejecución impecable que puede manejar esta crisis sin sombras de corrupción, el costo del sismo no se medirá solo en paredes caídas, sino en la quiebra definitiva del contrato social entre los habitantes del Eje Cafetero y el Estado central. La reconstrucción física es urgente, pero la reconstrucción de la confianza institucional es la única garantía para el futuro de la región.

 

   

Reconstruction Without Trust: The True Weight of Disaster

 

Weeks after the seismic movements that shook the infrastructure of the Coffee Axis, the immediate emergency has given way to a much heavier uncertainty. The visible cracks in homes, schools, and hospitals across the region are not the only source of concern for citizens. There is a deeper fracture, far harder to repair: the profound lack of trust in the government’s ability and transparency to manage the substantial resources allocated for reconstruction.

 

The natural disaster exposed historic structural deficiencies, but the institutional response threatens to perpetuate them. While affected communities demand swift technical assessments and concrete answers regarding the safety of their properties, the flow of public funds remains frustratingly vague. Official announcements promise massive budget allocations and extraordinary disbursements, yet in practice, bureaucracy stalls the timely delivery of relief. For families currently sleeping under temporary shelters or within compromised structures, state rhetoric falls short against the sluggish progress of basic works.

 

The core of the issue lies not merely in budget availability, but in who manages it and how. The current administration faces sharp skepticism regarding its procurement and oversight mechanisms. In Colombia, the history of disaster reconstruction is marred by examples where emergency funds and direct contracting turned into fertile ground for resource diversion and political favoritism. Citizens in the Coffee Axis are acutely aware of this precedent and are unwilling to tolerate opaque audits or oversight committees denied real-time data access.

 

Ensuring transparency demands far more than press releases. It requires the immediate deployment of open-data platforms where every allocated peso can be tracked from the national treasury down to the local contractor. Citizen oversight boards and regional business associations must hold permanent seats at procurement and technical monitoring tables. Without rigorous and participatory control, resilient infrastructure projects will be reduced to paper promises, leaving vulnerable populations exposed to future seismic events.

Time is running out for the region. Rainfall and the progressive deterioration of affected buildings increase repair costs and human risk day after day. If the executive branch fails to demonstrate through concrete actions, independent audits, and flawless execution that it can manage this crisis without shadows of corruption, the cost of the earthquake will not be measured solely in fallen walls, but in the definitive breakdown of the social contract between the inhabitants of the Coffee Axis and the central government. Physical reconstruction is urgent, but restoring institutional trust is the sole guarantee for the region’s future.

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Subdirector

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal Calle

Jefe de Redacción

Rubén Dario Varela

 

   

Diagramación

Brahian Navales

Consejero

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 
Gustavo Pérez González

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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Correo
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