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Pereira, Colombia - Edición: 13.874-1454 Fecha: Domingo 28-06-2026 |
COLUMNISTA |
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Nuestro holocausto
Por: Jotamario Arbeláez
Por los lejanos ayeres de los sesentas y los setentas nos dio a los escritores que comenzábamos, por entonar nuestras cantaletas contra los malos manejos del país y del mundo, el hambre en Biafra y en la Guajira, las matanzas en el Congo y en nuestros campos, el saqueo de nuestras riquezas naturales, en escritos de prensa, conferencias y manifiestos, en principio como un deber autoimpuesto pero también atizados por Sartre, la conciencia del siglo XX, quien de acuerdo con el marxismo clamaba porque el autor debía “comprometerse”.
Aquel que en medio de esa posguerra mundial (y posviolencia
nacional) escurriera el bulto escribiendo sobre lo que se
consideraba banalidades era marcado como traidor a la humanidad.
Escritores fugaces inquilinos de la torre de marfil, para quienes
parecería que no contara la historia.
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en la poesía estábamos embarcados en nonsenses derivados de
dadaísmos y de letrismos, para conservarla impoluta. Pero por más
que cantamos la tabla, la tabla tuvo menos oídos que las paredes, y
toda nuestra denunciadera se la tragó el agujero negro de la
indiferencia nacional. Antonio Caballero apostó media vida clamando
y argumentando por la legalización de las drogas para evitar el auge
mafioso con su secuela de atrocidades y lo único que logró fue que
le aplaudieran su estilo.
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de estas declaraciones, a cargo del expresidente del Senado doctor Macías, quemuestra la actitud de ceguera del uribismo en pleno ante lo evidente: “Siempre creí que los “falsos positivos” sólo existían en la imaginación de algunos políticos, pero la confesión de JMSantos que ocurrieron en su ministerio (sic), es aterradora. Aun me resisto a creerlo”.
Es de suponerse que cuando el mandatario pidió efectividad en los resultados bélicos, de donde divulga el Nobel de Paz arrancó la hecatombe, no esperaba que le dieran gatos por liebres, y seguramente que tampoco los ministros de la defensa, pero el mismo Santos dice que no creyó hasta cuando le presentaron un caso patético que le obligó a tomar medidas.
Pero tampoco era para que, cuando se rindió el informe de las primeros contingentes de muchachos muertos en circunstancias dudosas, el doctor Uribe exclamara una de las frases que pasarán a la historia universal de la infamia: “No estaría recogiendo café”. Así haya pedido público perdón por el exabrupto. Casi 7 mil jóvenes masacrados es un holocausto que no se borrará nunca de la humana memoria. Y el que siga negando el atroz suceso cargará como cómplice con la culpa en el corazón.
Con razón nos está tragando la tierra.
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