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Pereira, Colombia - Edición: 13.852-1432 Fecha: Sábado 06-06-2026 |
AGROECOLOGÍA |
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CUANDO LA TIERRA PUEDE UNIR LO QUE LA POLÍTICA DIVIDE
Por: IVÁN R PULIDO G. / INGENIERO AGRONOMO U.TOLIMA
Las
elecciones recientes siguen dejando una realidad que merece profunda
reflexión, más allá de los resultados, de los vencedores y de
quienes no alcanzaron sus objetivos, el país parece avanzar hacia
una creciente polarización donde las diferencias políticas ocupan
cada vez más espacio en el debate nacional, mientras asuntos
fundamentales para el futuro colectivo permanecen relegados a un
segundo plano.
Resulta paradójico que, en una de las naciones con mayor biodiversidad del planeta, con millones de hectáreas aptas para la producción agroforestal y con una ubicación privilegiada para abastecer mercados internacionales de alimentos y productos tropicales, el campo continúe siendo una preocupación marginal dentro de las grandes discusiones nacionales.
Mientras el debate público se concentra en confrontaciones políticas, en la disputa permanente por el poder y en discusiones sobre modelos energéticos o extractivos, poco se habla de la capacidad transformadora que posee la tierra cuando es comprendida no como un recurso para explotar, sino como un patrimonio vivo a ser restaurado, cultivado y transmitido a las futuras generaciones.
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Quizás Colombia enfrenta hoy una pregunta mucho más profunda que la simple elección entre dos proyectos de gobierno, quizá la verdadera cuestión es si seguiremos construyendo el futuro desde la lógica de la confrontación o si seremos capaces de construirlo desde la lógica de la reconciliación.
La historia enseña
que ninguna nación alcanza una paz duradera únicamente mediante acuerdos
políticos o medidas agresivas de seguridad, la paz auténtica surge cuando las
personas encuentran razones para permanecer en sus territorios, oportunidades
para prosperar con dignidad y la certeza de que el trabajo honesto puede ofrecer
un futuro mejor para sus familias.
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Por ello, quizás el debate que Colombia necesita no es quién tiene más razones para desconfiar del otro, sino cómo construir un propósito común capaz de unir a quienes hoy se encuentran separados por diferencias políticas.
Ninguna ideología posee el monopolio de la verdad cuando se trata de proteger el agua, conservar los suelos, generar arraigo, empleo rural o garantizar alimentos para la población, la tierra no distingue entre partidos políticos, la lluvia no pregunta por preferencias electorales, los árboles no crecen según las ideologías, la naturaleza nos recuerda diariamente que la cooperación es una condición esencial para la vida.
En un mundo cada vez
más afectado por el cambio climático, la inseguridad alimentaria y la
degradación ambiental, Colombia posee una oportunidad histórica, puede continuar
profundizando las divisiones que han marcado buena parte de su pasado o puede
convertirse en un referente mundial de restauración productiva, bioeconomía y
desarrollo rural sostenible.
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